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IV.--Ral-Izquierdo-Garca
  1. ¿Qué Navidad?
  2. Adhesión personal y Dios nace cada día
  3. Contexto histórico, religioso y cultural de Jesús / Y el nuestro
  4. Datos en los cuatro Evangelios
  5. Algunos personajes del Evangelio de Lucas
  1. Pastores
  1. Ángeles

b.1.) Personas con una discapacidad mental

b.2.) La comunidad

b.3.) La maternidad

  1. A ti, Dios mío

 

  1. 1. ¿Qué Navidad?

Buenas tardes a todos.

Querida Hermandad de Jesús Despojado, queridas Hermandades y Cofradías, queridos amigos:

Me han pedido que pregonara un acontecimiento que cuando recibí la invitación, me resultó extraño: ¡la exaltación de la Navidad! ¿cómo yo?, pero que a medida que han ido pasando los días, me ha ido gustando cada vez más, pues he ido descubriendo que no hay ni mensaje, ni acontecimiento, ni anuncio más grande y maravilloso que éste. Realmente la categoría  del mensaje supera infinitamente a la del mensajero. No obstante, vamos a intentarlo.

Estamos todos aquí reunidos porque queremos rememorar la Navidad. ¡La Navidad! Pero ¿qué Navidad? Hoy nos tenemos que hacer esta pregunta, ya nada es obvio. Podría ser la Navidad de Papá Noel, incluso haber llenado este templo de señores gordos con barbas blancas y vestidos en pijama rojo, haber colgado calcetines de lana por las esquinas de los aleros, incluso habernos juntado para cantar Merry Chrismas a tres voces. También podíamos haber exaltado la Navidad marchando de compras a los grandes almacenes y a los pequeños negocios de siempre. Ahora hay buenas ofertas y seguro que hubiéramos conseguido alguna que otra corbata y hasta algún juego de colonia y desodorante a juego por menos de...30 Euros. También podíamos haber exaltado la Navidad visitando las luces que hay por las calles, el árbol gigante de la plaza y algunos belenes de algunas iglesias: especialmente los que tienen muñecos articulados, como la lavandera a la que se le mueven los brazos cuando coge ropa o el panadero que amasa pan. Y ya es el sumun, el belén que tiene un río con agua en movimiento. Todos estos detalles nos hubieran confirmado que celebramos la Navidad. Pero por sí solos, nada significarían para nosotros.

Porque sospecho, y sólo sospecho, que si nos hemos reunido esta tarde aquí, no es para rememorar esta Navidad, sino para rememorar que hace dos mil años nació un tal Jesús. ¿Y qué? ¿Es tan importante para tí ese tal Jesús que nació hace tanto tiempo? Aparentemente puede resultar extraño y paradójico que queramos celebrar el nacimiento de alguien que  nació hace tantos años y del que históricamente no sabemos muchas cosas.  No sabemos dónde nació, ni cuándo, ni apenas nada de 30 primeros años de su vida. Sí sabemos, como datos meramente históricos,  que tuvo discípulos, que era un maestro itinerante y que fue condenado por las autoridades romanas y por las judías a morir crucificado, como se hacía con todos los bandidos y malhechores. Es decir, una vida que termina en fracaso ante los ojos de cualquier analista.

  1. 2. Adhesión personal y Dios nace cada día

Sin embargo, estamos aquí, porque hemos descubierto algo más sobre este Jesús, que hace que para nosotros su vida y nacimiento merezca la pena rememorar: es que Jesús es Dios hecho carne, hecho ser humano, hecho hombre. Y para nosotros, este Jesús resucitó al tercer día, venciendo a la muerte. ¡Resucitó! Pero tampoco penséis que con esta última afirmación hemos avanzado mucho más. Faltarían, a mi modo de ver, dos cuestiones más:

-          Mi adhesión personal. Si estoy aquí, no sólo es porque Jesús sea Dios. Pudiendo ser Dios, y resucitar el tercer día, estaría en mi derecho y en mi libertad a decir, que sí, que muy bien, pero que me importa un comino, que yo no tengo nada que ver en esto y que si Jesús es Dios, mejor para él, pero que a mí me dejen en paz. Claro. Pero si hoy estoy aquí, es porque reconozco que Jesús es mi señor, mi amigo, mi maestro. Aquel que me da vida, aquel que da sentido a todo lo que hago, pienso y siento, esté dormido o despierto. Aquel por quien tiene sentido empezar cada día diciendo: “Alegre la mañana”. Aquel por quien daría todo. “Si tú me dices ven, lo dejo todo”. Aquel por quien sé que nada me puede separar del amor de Dios, ni siquiera la muerte.  Dios hecho carne, Dios hecho uno de nosotros.

-          Pero además, nos faltaría aún una cosa más para enmarcar esta exaltación: No rememoramos una historia de hace dos mil años. Podría ser eso: recordar una historia bonita de hace mucho, como hacían antaño los abuelos con sus nietos alrededor de aquellas chimeneas de nuestra Castilla: contar historias. Esta sería una historia más, bella, bonita, exótica... tan bonita y sugerentes como aquellas que nuestros ancestros contaban del Cid Campeador, del obispo Jerónimo o incluso de Julián Sánchez el Charro: Jesús nació, Jesús contó, Jesús hizo, a Jesús lo mataron, Jesús resucitó…Pero no dejaría de ser, en definitiva, algo que pasó hace mucho tiempo. Sin embargo, estamos aquí porque sabemos que no sólo paso, sino que pasa cada día. Exaltar la Navidad, es reconocer hoy y cada día de nuestra vida la Navidad entre nosotros. Es decir, reconocer cada día que Dios nace entre nosotros, que Dios quiere ser vida entre nosotros, que Dios está a nuestro lado. Reconocer y experimentar y gustar cada día el amor que Dios nos tiene, a todos como colectivo, como comunidad de hermanos y amigos y a cada uno en particular, por su nombre, con sus  circunstancias, sus dones y sus heridas. Jesús de Nazareth nació y murió en unas coordenadas de tiempo concretas, pero Dios nace y muere cada día, aquí y en todos los lugares del mundo. Dios quiere compartir la vida con los seres humanos, incluso pasando por el sufrimiento. ¿Por qué? Por Amor, por Amor... Así que Dios nace, habla, acompaña, enseña, sana, muere y resucita cada día, en tantos seres humanos, en nosotros, en nuestro alrededor…

Por eso estamos aquí. Tú, querido cofrade, querido amigo, vengas de donde vengas, ¿crees que Dios nace hoy? Y si lo crees, ¿sabrías dónde? ¿Sabrías encontrarlo? ¿Sabrías por dónde empezar a buscar?

 

 

 

  1. 3. Contexto histórico, religioso y cultural de Jesús / Y el nuestro

Vamos a hacer un recuerdo por la historia que nos han dejado los evangelistas, pero no para recordar algo de 2.000 años, sino para que nos ayude a actualizar este DIOS CON NOSOTROS, hoy, el 10 de Diciembre del año 2.011. Seguro que podemos sacar algunas claves.

  1. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta el CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL en el que nace Jesús. Galilea, Judea y Samaria son regiones orientales, que como casi todo el Mediterráneo, están ocupadas por Roma. Allí había numerosas guarniciones de soldados romanos, que si bien, permitían una cierta libertad a los judíos para mantener sus costumbres y religiones, eran inflexibles con el sometimiento político y por supuesto, con el pago del impuesto, del tributo al César. A fin de cuentas, los grandes imperios se hacen a costa de sacar tajada material allí donde estés. Y si no, ved como la historia no ha cambiado tanto: ved hoy los Imperios actuales, los lugares donde hay tropas de ocupación y ejércitos: encontraremos petróleo, minas, gas... siempre algo valioso que ayude al mantenimiento del gigante del momento. España fue una vez en la historia un Imperio en el que no se ponía el sol… había entonces mucho oro y especies en juego que venían de América, había muchos recursos humanos en forma de esclavos, había también mucho en juego…

En tiempos de Jesús, el Imperio Romano era ese gigante. Roma permitía que los judíos tuvieran un rey propio: Herodes, pero no era más que una marioneta de los romanos. En España, sabemos muy bien qué significa tener tropas de ocupación: no hace mucho, en 1.808, entraron en España los franceses con Napoleón y se quedaron una larga temporada. Pese al sometimiento, muchos españoles luchaban en guerrillas, utilizando la violencia. Acordaos en Salamanca de Julián Sánchez el Charro, por ejemplo. La experiencia de estar sometido, de tener soldados de tu país en casa es dura y desde luego, muchos no se resignan. Incluso en España se llamaba “afrancesados” a los españoles que colaboraban con los franceses.

En tiempos del nacimiento de Jesús, el pueblo vivía algo parecido: había grupos que se organizaban para plantar batalla a las tropas romanas, siempre desde la clandestinidad, y siempre en pequeños grupos. Y había otros que se beneficiaban de la presencia de Roma.

  1. Religiosamente, Jesús nace en una cultura de religión judía. Así eran sus padres y así era el propio Jesús. El centro de la vida cultual era el Templo de Jerusalén. Allí había que ir para hacer las purificaciones, las ofrendas... Había una élite de judíos: El Sanedrín, con los sumos sacerdotes, los fariseos, los sacerdotes, los escribas.... que decían lo que había o no había que hacer, auténticos gurús de la interpretación de la voluntad de Dios. Para estar cerca de Dios había que estar puro, sin mancha, sin pecado y sin enfermedad alguna. La enfermedad era considerada como un abandono de Dios como castigo por algún pecado o falta. Por eso, en tiempos de Jesús, los enfermos están abandonados, viven en el extrarradio de las ciudades, se les considera pecadores: paralíticos, leprosos, cojos, ciegos...

¿Quiénes son hoy los “excluídos”? Aquellos apartados, que no cuentan, que no importan...

En España, hasta hace cuarenta años, la población se auto-definía como cristiana católica, en su mayoría sociológica, aunque fuera por tradición. El joven que no participaba de la vida de la Iglesia era rechazado, cuestionado... era el ateo, el rojo... ahora se da la circunstancia contraria, es señalado como carca, retrógrado...

  1. Cuando nace Jesús, hay un ambiente de espera colectiva. Hay mucha miseria de la mayoría y bonanza de unos pocos. Ni siquiera en esto hemos cambiado hoy mucho. Pero la gente espera a un mesías, a un libertador.... lo dicen las escrituras. Es un motivo de esperanza. La gente espera, espera... saben cuando releen su propia historia, que es una historia de salvación y que Dios no les ha abandonado nunca. Pero ahora parece que Dios calla, que se ha dormido o se hace el dormido... ¿es que ha abandonado a su pueblo?

Hoy, en medio de una crisis económica, social, religiosa, ética... se derrumba el paraíso terrenal. El ídolo de oro con pies de barro cae... Mucha gente empieza a pasar necesidad, ¿es que Dios nos ha abandonado?

Querido amigo: ¿esperas que algo cambie? Y no me refiero a que cambie el partido que gobierna España, o que por fin el Barsa no gane la liga o que me pueda tocar la lotería. Cuando te pregunto: ¿esperas que algo cambie? Te estoy preguntando si deseas en lo más profundo de tu corazón que algo cambie en ti, y en los demás, que se haga justicia con los que nunca nadie la hace, que los que no tienen nada tengan algo, que la gente no se muera de hambre, que los seres humanos sean tratados por igual, que no se dé la tortura en ningún país, que nadie sea asesinado, mutilado, o perseguido por sus ideas, por su raza o por su religión. ¿Deseas eso? Me atrevo a preguntarte: ¿desearías que el mundo fuera un poco distinto? Y ¿qué estarías tú dispuesto a dar de ti o a cambiar de ti para que así fuera?

Y estas preguntas son importantes, porque este deseo de la llegada de algo mejor era muy fuerte para los judíos de la época de Jesús y también lo es hoy para nosotros.

  1. 4. Datos en los cuatro Evangelios

Pero vamos a seguir avanzando en la historia que nos cuentan los evangelios. De hecho, es la mejor y única fuente que tenemos para saber qué pasó. Recordad que los Evangelios no son libros históricos, escritos para recopilar datos y que no se olviden, sino que son libros “teológicos”, escritos para mantener vivo un mensaje y una noticia: que Jesús es el Señor, Dios encarnado, y que trae una buena noticia para todos, especialmente para los más pequeños y pobres, aquellos que todo lo pueden esperar.

En los evangelios encontramos pocos datos. Muchos de los datos que manejamos sobre el nacimiento de Jesús son fruto de la tradición oral y de la construcción teológica posterior. Pero con seguridad y rigor histórico, poco o casi nada sabemos de este nacimiento. Siento mucho decepcionaros.

Siento mucho deciros que ni siquiera sabemos si realmente Jesús nació en Belén. Lo siento porque nos podemos cargar un montón de villancicos que hablan de Belén. Quizá no lo sabemos porque para los que siguieron a Jesús y fueron sus discípulos, no fue un acontecimiento relevante ni un dato importante. Tampoco lo es para nosotros. Nos da igual donde naciera, nos da igual si nevaba o hacía calor (aunque más bien esto último) y nos da igual si había un río cerca o si le llevaron oro, incienso y mirra (posiblemente no le llevarían nada). Los evangelios comienzan a escribirse muchos años después de la muerte de Jesús. Hasta el momento de poner por escrito su vida, lo que se sabe de él es lo que se va contando de boca en boca. Y cuando se empieza a escribir su vida, se comienza escribiendo por atrás, es decir, por la Resurrección,  que era el acontecimiento más importante y fundamental de todos los que querían seguir a Jesús y adherirse a él. Luego se fue escribiendo la pasión, su vida, y finalmente el nacimiento e infancia de Jesús, que es sobre lo que menos sabemos.

Entonces, ¿qué sabemos a  ciencia cierta sobre su nacimiento?

-          Que reinaba en toda Palestina Herodes el Grande

-          Que el Imperio Romano dominaba esa parte del Mediterráneo, con su emperador César Augusto

-          Que su nacimiento pasó inadvertido para todos. No tenemos ni una referencia histórica, ni siquiera del historiador judío Flavio Josefo.

-          Que sus padres eran María y José. Podemos pensar que serían muy jóvenes, especialmente María, como era tradición.

No sabemos si nació en una cueva, en un establo o debajo de un puente. No sabemos si había mula y buey, o camellos o ranas saltarinas. No sabemos si era de día o de noche. No sabemos si fueron a verle pastores, doncellas, o no apareció ni el apuntador. Posiblemente nada de lo que creemos. Pero no importa. Porque lo que sabemos porque lo creemos es que allí se realizó el don de la ENCARNACIÓN, es decir, que Dios se hace uno de nosotros, en medio de nosotros.

Sin embargo, merece la pena hacer ahora un recorrido con los datos teológicos que nos aportan los evangelistas, que nos pueden ser de gran ayuda:

-          Juan: ¡no dice nada sobre el nacimiento de Jesús! Nada. Comienza el evangelio con un “prólogo”: en el principio existía la palabra... pero aunque no dice nada de nada del nacimiento ni de la infancia de Jesús (comienza su evangelio con el testimonio de Juan el Bautista), dice algo maravilloso: “... y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros...” ¡Esa es la encarnación, esa es la Navidad! Que Dios se hace de los nuestros, y habita entre nosotros, habita hace 2.000 años y hoy, habita entre nosotros.

-          Marcos: no dice nada, porque comienza el Evangelio con la predicación de Juan el Bautista

Si queremos algún dato sobre el nacimiento, tenemos que ir a dos de los  tres evangelios “sinópticos” (Mateo y Lucas) 

-          Mateo: hace referencia al sueño que tiene José antes del nacimiento. Y ahí está la referencia a que “ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmmanuel”, que significa Dios con nosotros. Sí, Dios con nosotros.... ¿no es San Pablo el que nos recuerda que si Dios está con nosotros, quién puede estar contra nosotros? Es decir, si esto es verdad, que Dios ha optado definitivamente por unir su destino al del ser humano, ¿qué puede darnos miedo? ¿qué nos puede separar de su amor? ¿El qué dirán, la cultura dominante, la enfermedad, la misma muerte?

Finalmente, Mateo narra la historia de los magos de Oriente (en ningún momento dice el Evangelio que fueran reyes ni cómo se llamaban) y cómo Herodes quiere destruir a Jesús y les intenta poner una trampa. Dice que los magos ofrecieron al niño oro, incienso y mirra. Curiosamente, dice Mateo en palabras textuales: “entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y postrándose.... “ y yo me pregunto: ¿es que los magos entraron en la casa cuando José había ido a dar un paseo para sosegarse o al baño y por eso no se le nombra ....? Por otro lado, hablan de una “casa”...

Mateo tiene mucho interés en que se perciba que Jesús era incómodo para los poderes de su época. Y por otro lado, que ese niño que ha nacido, es ya rey y mesías, y por eso los magos le ofrecen lo que se daba a los reyes en las embajadas y recepciones oficiales.

-          Lucas: Es el único evangelista de los cuatro que habla de la Anunciación, de la Visitación, el Magnificat... hasta el nacimiento del mismo Juan el Bautista. Lucas hace referencia a un censo de población en el que toda la familia de Jesús tendría que empadronarse. Sólo dice: “mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, el envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”.

Después hace Lucas referencia a unos pastores que estaban no muy lejos y a los que un ángel les anuncia con estas palabras: “no temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy.... un salvador, que es el Cristo Jesús” y les explica cómo llegar y cómo reconocer a Jesús. Allí que fueron los pastores, y esta vez, para Lucas, sí que estaba José. María guardaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

 

  1. 5. Algunos personajes del Evangelio de Lucas

Todos los mensajes necesitan un emisor y un receptor:

  • a) Pastores (receptores del mensaje)

¿A quién va dirigido el anuncio de que Dios está entre nosotros? Según Lucas, los pastores son los destinatarios, los primeros receptores de este anuncio y de esta noticia. Estamos acostumbrados a la bucólica referencia de los pastorcillos imberbes de nuestros belenes, con corderito incluído a la espalda. Y a colocarlos allí, delante del misterio, con zambombas, con alforjas llenas de queso y chocolate y bailando casi al son de las muñecas de Famosa.

La referencia de Lucas a los pastores no es casual. El colectivo de los pastores estaba muy mal visto. Podríamos hablar mucho del conflicto entre terratenientes y pastores, entre el concepto de la tierra rígida y fija y de la trashumancia, de los beduínos siempre en movimiento o de los asentamientos en ciudades y pueblos, de quién posee la tierra y de quién posee los rebaños.

Los pastores se mueven de acá para allá con sus ovejas. Huelen fatal y tienen un aspecto peor: no se han lavado en días, quizá no lo hacían nunca. Tienen largas barbas y largas melenas. Dan miedo. Hay un montón de leyendas que se contaba a los niños en tiempos de Jesús, donde los pastores eran malos, perversos, no te podías fiar de ninguno, ojo si te los encontrabas por la noche... Con toda esta descripción, podemos imaginarnos a José y a María delante de ellos. Si María no decía palabra y guardaba estas cosas en su corazón, a lo mejor era del miedo que la paralizaba, ¡cualquiera decía algo! José, no abras la boca....

Pero como decía, esta referencia no es casual. Los pastores son los últimos, son pobres, gentuza, como los pobres hoy: también huelen mal, son incómodos y muy poco de fiar. Y sin embargo, Lucas los sitúa en el centro del nacimiento de Jesús.

¿Por qué? . Son los que más se podían alegrar, porque eran los que más podían esperar una noticia tan grande, los que realmente no tienen nada, lo esperan todo. La Navidad es una invitación a cada uno de nosotros para ser esos pastores, para despojarnos de todas nuestras seguridades, de hacernos más pobres y vulnerables. Podemos imaginarnos a los pastores, y que alguno dijera: ¡Vaya, por fin una buena noticia! Nosotros también estamos llamados a ser esos pastores. Es más, si nos hacemos como los pastores, no podemos descubrir el mensaje del amor de Dios para este mundo y para nosotros. A veces, tenemos tantas seguridades, lo sabemos todo, lo razonamos todo, estamos de vuelta de todo… que no hemos dejado espacio a la sorpresa, a la novedad. Vamos tan seguros en el camino hacia Dios, que olvidamos las flores, su aroma y colores, el estallido de la naturaleza, el sonido de los animales, la sensación de la brisa en la cara, del sol que calienta y da luz. Sabemos bien de dónde puede venir Dios, estamos esperando en la torre de nuestro castillo mirando al horizonte, pero puede que Dios llegue por otra puerta del castillo, incluso que pueda entrar por una ventana…

Podemos relacionarla con el segundo tipo de personajes de los que habla Lucas:

Claro, el pobre todo lo puede esperar. El que nada tiene, nada puede perder. Y eso produce una gran alegría.  Pero es una alegría profunda: Dios te tiene en cuenta. Si, pero si soy pobre. Dios te quiere abrazar. Sí, pero si no sé si doy más pena o más asco. Sí, pero eso a Dios no le importa. Dios se hace carne por ti, y Dios no quiere que sufras. Algo empieza a cambiar.... ahora hay esperanza. ¿No es una gran alegría? Y es que la llegada del Reino tiene que ver con la Navidad. Es el eje central de Jesús. Un Reino distinto a los reinos y estados que conocemos. No tiene que ver con la política, sino con la conversión de los corazones y con la justicia y la misericordia. Un reino donde no habrá discriminaciones, donde todos los seres humanos son reconocidos en su dignidad, donde no habría pobreza porque la riqueza estaría bien repartida. En definitiva, una utopía. Pero es la UTOPÍA CON MAYÚSCULAS. Es el proyecto por el que Jesús murió y por el que tantos que han seguido a Jesús han dado su vida. ¿Espero ese reino? ¿Qué estoy dispuesto a poner de mi parte para que ese reino llegue? Labordeta cantaba: también será posible que esa hermosa mañana ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver, pero habrá que forzarla para que pueda ser.

La llegada del Reino es una gran noticia para los más pequeños, porque significa que Dios se compromete con los problemas y con el destino de los seres humanos. A Dios le importa lo que les  pasa a sus ovejas. Es un buen pastor.

Pero esta alegría sólo la podemos experimentar si nos sentimos pobres y pequeños. ¿Sientes alegría de que Dios quiera compartir la vida con los seres humanos, de que quiera estar entre nosotros?

Sólo puedo exaltar la Navidad, si siento esa alegría. Si tengo deseos de cantar, de bailar, de abrazar, de gritar a todos que a Dios le importo, que Dios no mira mis méritos, sino mi propio corazón. Y que Dios solo quiere corazones dispuestos a abrirse y recibir el don y el amor tan inmenso que él quiere dar. ¿Estás dispuesto? Entonces sí que me pondré a cantar villancicos y lo que haga falta y a celebrar, porque ahora sí, tengo algo que celebrar.

Amigo: ¿tienes sed de Dios? O te puedo hacer la pregunta de otra forma: ¿Tienes sed de algo más que de comer, dormir y ver la tele? ¿Tienes deseos de encontrarte con Dios? Entonces, estás cerca de poder celebrar la NAVIDAD con mayúsculas. Entonces, ¡eres un pastor de los que dice Lucas que estaban al raso!

b) Ángeles (emisores)

Ya, pero, hoy, ¿dónde encontrar a Dios? ¿Dónde está el Ángel que se apareció a los pastores y les indicó, les orientó? ¿Ese Ángel que según el evangelio de Lucas dijo: “os anuncio una gran alegría”? Claro, los pastores tuvieron un ángel o una legión de ellos, tuvieron ventaja, pero nosotros… ¿dónde están esos ángeles?

Chico, al menos una pista, el comodín de la llamada.... Hoy, en medio de nuestra cultura donde Dios apenas cuenta,  ¿dónde busco? ¿Dónde miro? ¿Dónde escucho?

¿Quiénes son los ángeles que apuntan con el dedo?

Está claro que hoy, como en cada momento de la historia, necesitamos de esos “ángeles”: Mediadores, “Profetas” se decía en tiempo de Jesús, aquellos que anuncian, orientan, señalan…El Ángel que señala con el dedo: no sólo el Ángel de los pastores, sino también Juan el Bautista dieron pistas y señalaron con el dedo. No es nuevo en la historia esto de señalar con el dedo, el mismo Colón también indicó con el dedo dónde estaba América.... pero cuidado, el necio, solo ve la punta del dedo y lo que se señala. El sabio tiene que ver hacia donde apunta el dedo. Y hoy, confundimos mucho el dedo con lo que señala el dedo. A ver si nos vamos a emocionar contemplando un misterio de madera policromada del siglo XVI de José, María y el niño y me quedo impasible al conocer los datos de familias en el umbral de la pobreza. A ver si se me saltan las lágrimas al ver el niño Jesús de mi parroquia cuando le beso los pies y no me inmuto al saber los datos de moralidad infantil por enfermedades que se curarían con una vacuna o los datos de muertes por hambre, desnutrición… Con esto no digo que las mediaciones y dedos no sean importantes, ¡todo lo contrario!, sino que son eso, mediaciones, intermediarios, ¡ángeles!

¿Dónde están? Seguramente querríamos encontrar en el mercadillo este libro: Manual de cómo encontrar hoy a los ángeles en este mundo,  pero creo que no existe. A mí también me gustaría tener más seguridades para algunas cosas, pero el camino de la fe supone riesgo, incertidumbre y sobre todo, búsqueda con voluntad de encontrar. Lo que sí puedo hacer es compartir con vosotros algo de mi experiencia personal, de dónde yo he encontrado algunos ángeles que me han señalado dónde estaba Dios.

b.1.) PERSONAS CON UNA DISCAPACIDAD MENTAL

Un día conocí unas comunidades que tenían personas con una discapacidad mental. Me fui enganchando. Me sedujiste Señor y yo me dejé seducir. Fui descubriendo que esas personas frágiles, pequeñas, que no contaban demasiado para el mundo, me estaban señalando con el dedo dónde estaba Dios. Dios ha tenido que usar conmigo muchas veces la pedagogía de la maestra con el niño pequeño: dejarme hacer, irme corrigiendo con cariño, dejar que me equivoque, sugerir, motivar, animar...

Aquellas personas que hoy se les quiere negar hasta el derecho a vivir, me estaban mostrando la Navidad día tras día. Es decir, dónde estaba Dios entre nosotros. Y así, me fui dando cuenta que ellas me llevaban a mí mismo, a mis propias discapacidades y heridas, aquellas que siempre trato de ocultar porque tengo miedo a ser rechazado, porque tengo miedo a lo que otros puedan pensar, porque tengo miedo de no ser aceptado ni querido. Es mejor aparecer maquillado y con cremas mil, no sea que vean mis ojeras y mis arrugas. Sin embargo, de la mano de las personas con una discapacidad mental, he ido descubriendo que soy amado por Dios, especialmente en lo peor y más vulnerable de mí mismo. ¿Cómo es posible que Dios me quiera a mí, con lo que yo soy? Amor gratuíto en incondicional. Y entonces, fui descubriendo que la persona con discapacidad soy yo, y que necesito de otros para ser feliz.

Y sus padres...ejemplo de lucha, sacrificio, aceptación con alegría y no con resignación. Todo es proceso, pero ahí están...

-          Algo sobre las personas con una discapacidad. ¿Quiénes son hoy los ángeles que anuncian la buena noticia? ¿Quiénes son para ti? Aquellos que señalan con el dedo. Las personas con una discapacidad mental son importantes en mi vida. PONER ALGUNOS EJEMPLOS. Pe: Amada: Dios me quiere. O José Luis: vete donde está Jesús y estaba fuera con otra amiga que estaba pasándolo mal. ¿Dónde está hoy Dios? Ha muerto, ya no está. Exaltar la Navidad es creer que Dios vive hoy y que le importa lo que le pasa a los seres humanos. No es un dios del Olimpo, ni es el arché de Anaximandro, una masa creadora del universo. Es amor, esa es su esencia, y un amor particular a cada uno, con nombre propio. Llamada, misión. Por ejemplo, Zaqueo, Mateo, la Samaritana o María Magdalena.

Las p.c.d.m. tienen muchos dones, quizá los más importantes:

  • Capacidad de acogida: en la guerra de Ruanda un chico con discapacidad salió con los brazos abiertos a dar un abrazo al grupo paramilitar que entraba en su casa. Los desarmó
  • Capacidad de perdón
  • Capacidad de disfrutar de cada instante, de sacar jugo a la vida: el partido de fútbol en el que perdíamos 8-1 en la primera parte. Estaban alegres por el gol marcado

La vida es el don más grande. Con discapacidad, con cojera, con tics nerviosos, con calvicie o con kilos de más. Toda vida es digna, toda vida merece ser vivida. Toda vida necesita ser amada, ser querida, ser respetada, ser apoyada. Defender la vida es defender el sueño de Dios para los hombres. Pero no solo vivida, sino vivida en plenitud, con justicia, con dignidad, con amor. La pregunta no es si habrá vida después de la muerte, sino si hacemos que haya vida antes de la muerte.

Las pcd son ángeles en mi vida.

-          Le dije a José Luis que fuera donde estaba Jesús y fue afuera donde estaba llorando otra niña

-          Una rueda para ver quién era Dios para cada uno: todos decíamos algo, y Amada dijo El me quiere

b.2.) LA COMUNIDAD

También y en torno a ellas, la experiencia de la COMUNIDAD. Porque no puedo vivir sólo la Navidad.  La Navidad es llamada diaria a estar con otros, a abrirme a otros, a dejar que otros toquen y acaricien mi vulnerabilidad. Eso es difícil y da miedo. Tantas veces nos han herido... pero es maravilloso. Sin otros, sin “el otro”, no vivimos la Navidad, y en el fondo, no podemos vivir la fe. Ser miembro de la Iglesia es sentirse caminando con otros, junto a otros, tan vulnerables y pequeños como yo, pero con el deseo común de encontrar a Dios en medio de este mundo y de seguir a Jesús allá donde esté.

Ángeles para mí son mi comunidad de Fe y Luz, pero también el resto de hermanos y hermanas de las otras comunidades, y muchas personas que siguen a Jesús en otros movimientos, cofradías, parroquias, asociaciones...

Necesito otros hermanos y hermanas que también caminen conmigo. Necesitamos la COMUNIÓN hoy más que nunca.

Hoy son ángeles las comunidades o grupos que trabajan para hacer más justo el mundo, las comunidades de fe y movimientos que comparten la vida, la fe, los bienes, que forman fraternidades, familias en torno a Jesús.

La comunidad de Fe y Luz en mi caso, ha sido como un ángel que me ha señalado dónde estaba Dios. Y junto con mi pequeña comunidad de referencia, tanta gente que camina en la fe en tantos movimientos y parroquias, en tantas opciones, en tantos carismas… Todos, son ángeles para mí.

b.3.) LA MATERNIDAD

Dios está entre nosotros, porque una jovencita de Nazareth dijo SÍ. Se llamaba María. Dios necesitó del sí de una mujer para encarnarse. ¿Cómo es posible que Dios se haga tan vulnerable como para necesitar el sí de María? No sólo eso: Dios necesita de nuestro sí, como necesitó del de María. María puso su vida a disposición de Dios, empezando por su vientre. Dios necesita de nuestras manos, de nuestros pies, de nuestra sonrisa, de nuestra creatividad, de nuestra ternura, de nuestro trabajo… para que llegue el Reino que quiere, para que todos los seres humanos vivan que Dios les ama incondicionalmente. Gracias al don de la maternidad de María, podemos exaltar hoy la Navidad.

Pero quiero ir más allá:

Recientemente he sido padre por primera vez con la llegada de Adrián y ahora, en poco tiempo, con la llegada de Alonso. Es para mí un regalo, el sentir que puedo contribuir misteriosamente al nacimiento de una vida, llamada a ser vida en plenitud.

Dios se hizo niño. Cuando ví por primera vez a Adrián pensé que qué frágil es la vida, que pequeña, qué vulnerable. Este niño necesita todo de mí y de los demás. Hay que ayudarle a todo. Hay que enseñarle todo. No puede nada sólo. Y Dios, ¿tiene que pasar por esa experiencia? ¿Tan frágil es Dios? ¿Tan vulnerable? ¿Tanto nos ama como para pasar por ese trance?

Yo también fui niño, yo también pasé por el trance de la vulnerabilidad extrema siendo un bebé y un niño. Mi madre es una gran madre, como todas las madres. Pero la mía es la que me tuvo a mí en su vientre, la que dio las primeras caricias, la que me cuidó tanto. Mi mujer Laura, es también la madre de mis hijos. Y  ella me enseña cada día el don de la maternidad y el cuidado y la entrega del otro siendo tan pequeño y vulnerable. Gracias a las madres, entendemos todo esto. Gracias a una madre, Dios pudo nacer. Gracias a María, Dios se pudo encarnar. Pero Dios necesitaba el sí de una mujer. Dios no vulnera, no impone, sólo pide, invita, sugiere. Dios llama, a veces a gritos, pero no fuerza, respeta la libertad del ser humano, respeta nuestra libertad. Podemos decir “no”, y podemos decir “sí”. María dijo Sí: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Cómo no tener presentes a tantas madres de hijos con una discapacidad: para mí la mejor escuela de padres. Ellas, con su tesón, su lucha diaria, me han enseñado y me enseñan el don de la maternidad, aún cuando tu hijo es distinto, aún cuando no entiendes lo que ha pasado y no hay respuesta, aún en medio de las dificultades, y que todo eso se puede vivir como un don y una gracia.

Todos estamos llamados a la maternidad en sentido amplio, porque todos estamos llamados a dar vida, a alumbrar esperanza, a ser co-creadores. Dios no se cansará de llamarnos, porque sin nosotros, sin nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, no habrá Navidad. Dios ha querido hacerse presente entre nosotros involucrando al ser humano, contando con él. Sin nuestro trabajo, nuestro esfuerzo... no habrá Navidad. Sin poner cada uno sus talentos a producir, no habrá Navidad. Sin nuestro espíritu de servicio a los demás, sin nuestra alegría, sin nuestro compromiso, no habrá Navidad. Exaltar la Navidad es recordar que sin nosotros, Dios no se encarna. Necesita nuestro sí. ¿Queremos? ¿Qué estamos dispuestos a dar?

Las personas que hoy desarrollan su “maternidad” en este sentido más amplio, son ángeles de Dios en este mundo: la gente que está al servicio de otros, la gente que está alegre y contagia optimismo y ganas de vivir, la gente que está disponible, la que dedica tiempo a otros.... Todos conocemos....

También nosotros estamos llamados a ser ángeles para otros. ¿Eres ángel para los que te rodean?  

  1. 6. A ti, Dios mío

Pero, ¿a quién se le ocurre ser uno de nosotros? ¿A quién se le ocurre?

¿Tanto nos amas como para hacerte de los nuestros? Incluso pasando por el sufrimiento, por el dolor, por la muerte.... No, no, Dios mío. Yo he pensado que no puede ser, que Dios no puede hacerse pequeño, frágil, vulnerable. Tienes que ser un Dios fuerte, poderoso, majestuoso, qué haces sufriendo y muriendo como nosotros. A nosotros no nos queda más remedio, pero ¿a ti? Tú podías haberte quedado tranquilamente y habernos contemplado en la distancia. Pero no, tuviste que ponerte a nuestra altura.

Como Pedro: yo no quiero un dios pequeño, sufriente, esclavo.... ¡ me niego! Quiero un dios poderoso, fuerte, que aplaste a los malvados, que de caña a los que se lo merecen. Un Dios justo. Amar a todos es injusto, amar al pecador es injusto.

 

Sé que no puedes dejar de amarnos, radical y totalmente. Se que eres AMOR y que por eso, no dejas de amarnos. Tu alegría está unida a nuestra alegría. Quieres que seamos felices, quieres que vivamos la vida como un regalo. Y quieres que pongamos todo de nuestra parte para que todos los seres humanos vivan también la vida como un don.

Anduviste con lo peorcito de tu tiempo, Dios mío. ¿No pudiste haber elegido compañeros más prudentes, más formados y más de fiar? A quién se le ocurre: pescadores, pastores, publicanos, enfermos, mujeres… Pero si miro a mi alrededor, los que hoy estamos aquí reunidos no somos muy distintos a todos ellos. Somos como Pedro, como Juan, como Santiago, como María Magdalena, como Marta y María… igual que ellos, impulsivos a veces, distraídos, cobardes, confundidos, miedosos, pero también como ellos, has encendido en nuestros corazones el fuego de tu amor, el deseo de la llegada de tu Reino y como ellos, queremos seguirte allá donde quieras. Toma nuestras manos, aunque sean torpes, nuestros pies aunque sean lentos, nuestros ojos aunque sean miopes, nuestro corazón aunque sea impuro. Tomalo todo Señor, que no queremos dejar nada para nosotros.

Ayúdanos a ser valientes como tú. A no medir cómo decir esto o lo otro, a no hacer juegos de equilibrios políticos para quedar bien siempre. Ayúdanos a no huir del conflicto, de la duda, del miedo. Ayúdanos a permanecer en medio del barro, del nuestro y del de los demás. .. Ayúdanos a gozar de la vida, a sacar su jugo, a disfrutar con cada instante, en todos los momentos y acontecimientos. Danos el don de la alegría y el entusiasmo.

Danos la fuerza y la creatividad para que todos exaltemos la Navidad cada día: que gritemos a los cuatro vientos que Dios nos amas y que nos amas incondicionalmente, sin peros, sin trampas.

Danos la pasión que tú tienes con los seres humanos. Dame el don de apasionarme por la vida, como tú. De hacer más felices a los demás, como tú. Sé que necesitas de mí para que tu Reino llegue, quiero que cuentes conmigo, aún sabiendo de mi pobreza, también sabes mis dones.

Ayúdanos a decir sí como María.

Sol o entonces, podremos vivir hoy y cada día que naces entre nosotros, y vivir la vida como si fuera una gran celebración por esa amor que nos tienes.

Ayúdame a ser pastor,  a romper mis seguridades, a desnudarme, a vaciarme. Morir un poco para que tú puedas nacer más. Ayúdame a pasar de mi sueño a tu sueño, a afinar mi corazón con el diapasón de tu amor. A comer de tu plato, a beber de tu copa. Ayúdame a ser ángel para otros y a descubrir todos los ángeles que hay a mi alrededor.

 

Gracias por haberte hecho uno de nosotros, a veces me cuesta aceptar que te has hecho vulnerable por amor, pero gracias. Tu vida nos da vida, me da vida. Gracias por hacerte vida en medio de nosotros.

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