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26-05-09-CursoCaridad

La primera jornada del Curso de Caridad y Asistencia Social se celebró en la sede de Cáritas Diocesana a las 20:45 h con la participación de varios hermanos y hermanas. A continuación se expone un resumen realizado por nuestro Hermano Mayor:

I CURSO DE CARIDAD Y ASISTENCIA SOCIAL 2009-2010
Introducción:
D. Jesús García Rodríguez, Delegado Diocesano de Pastoral de la Salud, nos recuerda en la introducción de este I Curso de Caridad y Asistencia Social, unas palabras importantes que forman parte del Preámbulo de nuestros Estatutos:
“De ahí que el objeto principal de la Hermandad sea el de promover, tributar y propagar CULTO público y solemne a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de los hombres, bajo de las advocaciones de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo, considerando los dolores en la Pasión de su divino Hijo, en especial en el amargo trance previo a su Crucifixión en el monte Calvario y, al mismo tiempo, agrupando a cuantos bautizados quieran dar cauce a su vida cristiana, mediante el culto interno y externo, animándolos a un mayor conocimiento y vivencia del mensaje de Jesús, dentro de la comunidad cristiana local y al servicio de la Iglesia Universal.
Este primer y principal fin se verá complementado con: la FORMACIÓN y VIVENCIA cristiana de sus Hermanos, la PROPAGACIÓN DE LA DOCTRINA de la Iglesia, la tarea de EVANGELIZACIÓN y la práctica de la CARIDAD y ASISTENCIA SOCIAL, dentro de una colaboración con la Pastoral de la comunidad diocesana.”
Auxilio y Caridad: En un mundo en el que la Iglesia se presenta como instrumento al servicio de la sociedad, no podemos caer en el error de considerar a la Cofradía como una comunidad cristiana que destina sus recursos en su propio beneficio exclusivamente. Ante la sociedad salmantina, debemos ofrecernos como verdadero Auxilio hacia los más desfavorecidos y necesitados, enfermos, pobres, ancianos, etc. Que, tal y como recogen las Bienaventuranzas, son considerados los favoritos de Dios. La doctrina social de la Iglesia ha de ser nuestro referente para llevar a cabo este fin principal de la Hermandad.”
Por todo ello, el Lema de nuestra Hermandad es: “DIOS ES AMOR”.
En la Encíclica de Benedicto XVI, DEUS CARITAS EST, podemos leer que Jesucristo es el amor de Dios encarnado. “En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: “Dios es amor” (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar…
Jesús ha perpetuado este acto de entrega mediante la institución de la Eucaristía durante la Última Cena. Ya en aquella hora, Él anticipa su muerte y resurrección, dándose a sí mismo a sus discípulos en el pan y en el vino, su cuerpo y su sangre como nuevo maná.”
Y continúa diciendo: Amor a Dios y amor al prójimo
“Después de haber reflexionado sobre la esencia del amor y su significado en la fe bíblica, queda aún una doble cuestión sobre cómo podemos vivirlo: ¿Es realmente posible amar a Dios aunque no se le vea? Y, por otro lado: ¿Se puede mandar el amor? En estas preguntas se manifiestan dos objeciones contra el doble mandamiento del amor. Nadie ha visto a Dios jamás, ¿cómo podremos amarlo? Y además, el amor no se puede mandar; a fin de cuentas es un sentimiento que puede tenerse o no, pero que no puede ser creado por la voluntad. La Escritura parece respaldar la primera objeción cuando afirma: “Si alguno dice: amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20). El versículo de Juan se ha de interpretar más bien en el sentido de que el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y que cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios.”
Teniendo en cuenta lo anterior, debemos tener muy presentes tres palabras a la hora de abrir nuestro corazón a los demás, a la hora de ofrecer nuestro amor: “saber, saber hacer y saber ser”.
Jesús, modelo de nuestra actuación pastoral
La atenta contemplación de Jesús, de su vida, sus palabras, sus gestos, su forma de afrontar el sufrimiento y la muerte, su trato y relación con las personas, especialmente con las enfermas, ayudarán al agente de pastoral a configurar su estilo de presencia junto al enfermo y a desempeñar fielmente su misión en e1 nombre del Señor.
2. Jesús y los enfermos (fundamento cristológico):
2.1 Toda la actuación de Jesús queda resumida en la memoria de la primera comunidad de esta manera: “Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba can El” (Hch. 10,38).
2.2 La actividad sanadora de Jesús no es algo secundario, sino el rasgo que mejor caracteriza al Mesías enviado por Dios.
Cuando el Bautista pregunta por el Cristo, por el Mesías, solo recibe esta respuesta: “Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Noticia” (Mt 11,2).
2.3 Jesús ofrece una salud integral, la que comprende todo el hombre, la que arranca del corazón. Por eso, le dice al paralitico: “Tus pecados son perdonados”. (Mc 2, 1-12)
Las tradiciones evangélicas nos describen a Jesús como alguien que pone en marcha un profundo proceso de sanación tanto individual como social… Su condena de los mecanismos inhumanos y discriminatorios de la sociedad judía, su lucha por crear una convivencia más solidaria y fraterna, su ofrecimiento del perdón reconciliador de Dios, que libera a las gentes de la culpabilidad interior, su ternura hacia los maltratados por la vida o la sociedad, …  son signos de salud integral.
Por eso pudo decir: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).
Jesús entiende su acción evangelizadora y su llamada a la conversión como una acción sanadora: “No necesitan de médico los sanos, sino los que están mal. Yo no he venido a llamar a la conversión a los justos, sino a los pecadores… “(Lc 5,31-32; Mc 2,7; Mt 9,12-13).
2.4 Jesús no separa nunca proclamación del reino y acción sanadora.
Al contrario, son dos componentes que integran el contenido de su única acción evangelizadora.
Los “sumarios” que resumen la actuación de Jesús unen siempre PROCLAMACIÓN DEL REINO Y SANACIÓN. “Recorría toda Galilea… proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mt 4, 23; 9,35; Lc 7,18 etc.)
2.5 Jesús se identifica con los enfermos.
(Mt 25) El juicio final. “Tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis… Cuantas veces lo hicisteis o no lo hicisteis con uno de mis semejantes, conmigo lo hicisteis o no lo hicisteis”.
En relación con este punto, las palabras de algunos Santos Padres cuando dijeron “que para nuestra fe tiene el mismo valor arrodillamos en oración contemplativa ante el sagrario que encierra la Eucaristía, que arrodillamos ante el lecho de un enfermo para curarle o limpiarle”.
2.6 Jesús es el Buen Samaritano que se conmueve, se para, cura las heridas y socorre las necesidades y nos dice: “VETE Y HAZ TÚ LO MISMO” (Lc 10, 29-37).
2.7 Envío y misión. “Id y sanad” (Lc 9,2)
Cuando Jesús confía a sus discípulos la misión de anunciar el Reino de Dios, les invita a promover la sanación como horizonte, cauce y contenido significativo de la acción evangelizadora. Así lo formula Lucas: “Cuando entréis en una ciudad, sanad los enfermos que haya en ella y decid: Ya os ha llegado el Reinado de Dios”. “Esta es la tarea, entrad en la ciudad, sanad lo que haya en ella de enfermedad y desde esa acción sanadora, proclamad a un Dios Salvador.
Anuncio misionero y tarea sanadora son parte de una misma dinámica que ha de abrir camino al Reino de Dios entre los hombres.
“Los envío a proclamar el Reino de Dios y a sanar” (Lc 9,2; 10,9). “Id y proclamad que el Reino de Dios está cerca. Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,7-8)
Una comunidad cristiana, fiel a Jesús no puede proclamar la salvación de Dios, descuidando la tarea sanadora.

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